1.- PREHISTORIA Y PROTOHISTORIA.
La localización de la Península Ibérica entre dos mares y dos continentes, la existencia de un complicado relieve que compartimenta el espacio y unas diferencias climáticas que determina una gran variedad de paisajes ha sido factores decisivos en la evolución histórica de la Península Ibérica en cuanto a la llegada de pueblos de diversos orígenes y la coexistencia de culturas diferentes. Así, mientras en el Paleolítico las cavernas cantábricas se hallaban emparentadas con sus homólogas francesas, los abrigos levantinos eran afines a las culturas norteafricanas.
La existencia de dos áreas culturales diferenciadas se continúa en la Edad del Bronce, durante la cual en el sudeste peninsular se hace sentir claras influencias orientales al mismo tiempo que la España del norte y noroeste queda enmarcada en la cultura llamada del Bronce Atlántico. Mas tarde las influencias mediterráneas y orientales se reforzaron con las colonizaciones griegas y fenicias, en relación con la fundación de Cádiz y el desarrollo de la cultura tartesia. Sin embargo, por el Norte llegan sucesivas oleadas, a lo largo del I milenio a. C. de pueblos centroeuropeos introductores del hierro, también conocido con el nombre genérico de celtas.
El paisaje agrario se vio enriquecido por las nuevas técnicas de cultivos, los nuevos cultivos como el olivo o por las nuevas formas de hábitat: la ciudad.
La expansión romana por todo el mediterráneo incorporó al territorio peninsular en el Imperio. A lo largo de seis siglos la Península Ibérica fue romanizada: tuvo una organización jurídica y económica común y una importante red de comunicaciones puso en relación a las distintas regiones de la Península, lo que permitió una mayor explotación minera y agrícola (trilogía mediterránea, frutales, ganadería lanar, ..). Sin embargo, no todas las regiones experimentaron esta intensa transformación. Andalucía y la costa mediterránea fueron en general el espacio donde se produjo un mayor asentamiento y desarrollo económico, mientras el interior y el norte conocieron una débil romanización.
Tras la crisis del Imperio romano se produjo las invasiones bárbaras y la dominación visigoda. No obstante, ésta no aportó nada nuevo dado que la importancia numérica de los invasores fue muy limitada a la vez que asimilaron la cultura superior de los romanos, aunque ya en un periodo de clara decadencia.
La irrupción de los árabes en España provocó el final del mundo antiguo (excluyendo a los visigodos). El dominio árabe no alcanzó estabilidad sino en la mitad meridional y en la mayor parte de las regiones levantinas, coincidiendo con la máxima extensión del olivo. La España arabizada, Al - Andalus, era la España "civilizada", rica, urbana y agrícola por excelencia, incluyendo en ella gran parte de las vegas y llanuras levantinas. Incorporaron nuevas técnicas (sistemas de riegos, ..), nuevos cultivos (naranjo, algodón, caña de azúcar, arroz, cría de gusanos de seda,...), desarrollo de grandes ciudades como Córdoba, etc.
Al norte quedaron núcleos de resistencias que se irían organizando y conquistando territorios en detrimento del Islam. Se trata de los reinos cristianos. Tierra de vocación agrícola y pastoril. Esta última era la actividad preferida por constituir una riqueza movilizable ante la variabilidad de las fronteras. Este hecho determinó la importancia del ganado lanar en la economía castellana y el surgimiento del "Consejo de la Mesta".
Tras el s. X se atenúan las diferencias entre las dos Españas a medida que los reinos cristianos se consolidan experimentando un crecimiento económico y demográfico (auge del comercio con Europa Occidental y Mediterránea, crecimiento de las ciudades, expansión agrícola, intenso contacto cultural con Europa, ..).
Al final de la Edad Media, en la Baja Edad Media (s. XIV y XV), se produce una crisis en toda Europa fruto de las continuas guerras, las malas cosechas y en especial las grandes epidemias (peste negra, ..),que redujo la población (en España Cataluña sufrió especialmente una drástica pérdida de sus efectivos).
Sin embargo, a lo largo de este periodo se produce el fortalecimiento de las monarquías nacionales que se vieron ayudadas por la burguesía de las ciudades en detrimento de los señores feudales, los cuales perdieron su protagonismo político. Ahora los distintos estamentos sociales se hallaban representados en unas asambleas o Cortes.
Las ciudades crecen con la apertura de nuevas rutas comerciales por toda Europa (comercio de la lana castellana con Europa Occidental, intercambios de la Corona de Aragón en el Mediterráneo, ..), surgen rutas hacia Oriente bordeando África o las que surgirán a finales del s. XV y prin. del s. XVI tras el descubrimiento del continente americano. Paralelamente la cultura y el Arte florece con el Humanismo y el Renacimiento.
La Península Ibérica conoce un proceso de unificación política al unirse bajo los Reyes Católicos la Corona de Aragón y Castilla, la incorporación del Reino de Granada (1492), la anexión de Navarra y más tarde, a fines del s. XVI, la unión de Portugal durante el reinado de Felipe II. A todo ello habría que sumar las posesiones de la Corona de Aragón en el Mediterráneo, las portuguesas en África y Brasil y las castellanas en las Islas Canarias y América.
Este inmenso imperio se vio acrecentado por la política de alianzas matrimoniales que se practicó desde los Reyes Católicos y que obtendría debido a ello gran parte de Centroeuropa, Países Bajos y Norte de Italia.
El Imperio de los Habsburgos (s. XVI y XVII) se convirtió en la mayor potencia occidental. Sin embargo, no constituía un estado centralizado ya que cada reino , según los casos, poseía cierta autonomía por lo que el papel del rey o emperador se veía muy limitado.
El auge político y económico derivado de la expansión territorial no siempre tuvo un efecto positivo. La masiva llegada de oro y plata americana provocó una fuerte inflación (subida de los precios) en España. Los productos castellanos no se vendían en el extranjero al resultar excesivamente caros y la industria castellana se arruinó al no poder competir con los productos foráneos, mucho más baratos y de mayor calidad.
Los sucesivos reyes se empeñaron en la práctica de una política imperialista para lo cual gastaron una elevadísima suma de dinero y hombres con el fin de mantener un numeroso ejército. El oro y la plata americana iba a parar directamente a los banqueros europeos que adelantaban préstamos a la Corona.
El s. XVII fue el Siglo de Oro para la Literatura y las artes en general. Sin embargo, representó la decadencia política y económica de la principal potencia de entonces.
Junto a la crisis económica antes señalada hubo una disminución demográfica considerable debido a las continuas epidemias de enfermedades como la peste bubónica, la fuerte emigración a América o las levas para las guerras europeas. Este hecho tuvo mayor repercusión en Castilla donde los reyes tenían más autoridad y podían reclutar a mayor cantidad de hombres al mismo tiempo que el empobrecimiento empujó a muchos castellanos a emigrar a América.
La política expansionista y militarista de los Austrias (Habsburgos) debilitó al Estado, provocó una reacción exterior de los países europeos contra la hegemonía española y una reacción interna de los distintos reinos de la Corona al pretender los reyes imponer una monarquía absolutista en la que no tuviesen ningún tipo de limitaciones.
En la Guerra de los Treinta Años y posteriormente en la Guerra de Sucesión los Austrias españoles perdieron gran parte de sus posesiones coloniales a la vez que algunos reinos lograron independizarse (Holanda, Portugal,..). A finales del s. XVII el último rey de la dinastía de los Habsburgos, Carlos II, se quedó sin descendencia. Las distintas potencias se aliaron a favor del candidato de los Habsburgos austriacos o del candidato de los Borbones. Finalmente se impuso la dinastía borbónica (1714) profrancesa.
A pesar de que España tras esta guerra perdió su protagonismo y pasó a ser considerada como una potencia de segundo orden los Borbones se dedicaron a partir de entonces a intentar solucionar los problemas internos. Se creó una administración más eficaz, gobernaron de forma absoluta perdiendo la autonomía las regiones históricas como Cataluña ( que habían apoyado al candidato austriaco ), salvo Navarra y las provincias vascas (que se habían puesto del lado de los borbones).
El s. XVIII fue el Siglo de las Luces. La Ilustración fue un movimiento filosófico y una corriente de pensamiento que tuvo grandes repercusiones en el campo de las Ciencias, la Filosofía, la Economía y la Política. Los ilustrados impulsaron medidas renovadoras y racionales.
En algunos casos como en España influyó en los reyes y ministros creandose una monarquía paternalista "Despotismo Ilustrado" en la que "el rey gobernaba para el pueblo pero sin el pueblo" impulsando reformas económicas, sociales y políticas que obtuvo grandes resultados ( repoblación de zonas deshabitadas, mejora de las comunicaciones, comercio, sociedades económicas, universidades,..).
Sin embargo, en otros países la Ilustración no influyó tanto en los gobiernos pero sí en la burguesía marginada del poder. Las ideas respecto a una sociedad justa donde no existiesen diferencias jurídicas entre los ciudadanos inspiraron revoluciones protagonizadas por la burguesía. Estas revoluciones fueron derribando a las monarquías absolutistas del poder, como en Francia, a finales del s. XVIII y primera mitad del XIX.
El miedo de los gobernantes españoles al contagio revolucionario del país vecino provocó una paralización de dichas reformas ilustradas y censuraron las obras filosóficas, literarias, políticas, etc. que pudieran transmitir esas ideas.
No obstante, a principios del XIX los ejércitos napoleónicos invadirán toda Europa ocupando también la Península Ibérica. La sociedad española, una vez desarticulado el aparato del Estado, respondió de distinta manera a este hecho:
- Algunos sectores ilustrados aceptaron y colaboraron con el nuevo gobierno profrancés (afrancesados) viendo la posibilidad de llevar a la práctica las ideas ilustradas y/o revolucionarias, también fue el caso de muchos funcionarios y altos cargos que pretendían mantener su status socioeconómico
- Sin embargo, la mayor parte de la sociedad reaccionaron contra la ocupación creando juntas, organizando la resistencia y practicando una guerra de guerrillas. Dentro de esta oposición se pretendía la vuelta de la monarquía borbónica, pero ya habían calado las ideas ilustradas y liberales de tal forma que proponían ya no una monarquía absolutista sino una monarquía constitucional.
- Otros grupos resistentes eran partidario de la vuelta de la monarquía absolutista.
Es a partir de este momento y a lo largo de gran parte del s. XIX cuando surge una lucha constante entre los que pretenden una sociedad basada en las ideas del Liberalismo y los que proponen la restauración de la sociedad del Antiguo Régimen.
Junto a estas revoluciones burguesas se va a ir produciendo una revolución tecnológica y económica: la Revolución Industrial. Surgida en Inglaterra a mediados del s. XVIII se irá extendiendo poco a poco por toda Europa a lo largo del s. XIX. En los países periféricos como España esta industrialización será muy débil y afectará solo a algunas regiones como Cataluña y el País Vasco.
Con los cambios políticos y económicos, tras pasar del Antiguo Régimen a un estado burgués y una economía capitalista también se transformará la sociedad. Así de la sociedad estamental se pasará a la sociedad de clases donde la burguesía será la clase dominante, la nobleza y el clero perderán sus antiguos privilegios y tenderán a ser asimiladas por la burguesía, mientras los campesinos y artesanos se proletarizan. El proletariado (obreros) no encontrará en las ideas liberales (defiende el Capitalismo) una doctrina que responda a sus intereses por eso se irán organizando poco a poco en el denominado movimiento obrero desde el que se proponen alternativas al Capitalismo.
La localización de la Península Ibérica entre dos mares y dos continentes, la existencia de un complicado relieve que compartimenta el espacio y unas diferencias climáticas que determina una gran variedad de paisajes ha sido factores decisivos en la evolución histórica de la Península Ibérica en cuanto a la llegada de pueblos de diversos orígenes y la coexistencia de culturas diferentes. Así, mientras en el Paleolítico las cavernas cantábricas se hallaban emparentadas con sus homólogas francesas, los abrigos levantinos eran afines a las culturas norteafricanas.
La existencia de dos áreas culturales diferenciadas se continúa en la Edad del Bronce, durante la cual en el sudeste peninsular se hace sentir claras influencias orientales al mismo tiempo que la España del norte y noroeste queda enmarcada en la cultura llamada del Bronce Atlántico. Mas tarde las influencias mediterráneas y orientales se reforzaron con las colonizaciones griegas y fenicias, en relación con la fundación de Cádiz y el desarrollo de la cultura tartesia. Sin embargo, por el Norte llegan sucesivas oleadas, a lo largo del I milenio a. C. de pueblos centroeuropeos introductores del hierro, también conocido con el nombre genérico de celtas.
El paisaje agrario se vio enriquecido por las nuevas técnicas de cultivos, los nuevos cultivos como el olivo o por las nuevas formas de hábitat: la ciudad.
La expansión romana por todo el mediterráneo incorporó al territorio peninsular en el Imperio. A lo largo de seis siglos la Península Ibérica fue romanizada: tuvo una organización jurídica y económica común y una importante red de comunicaciones puso en relación a las distintas regiones de la Península, lo que permitió una mayor explotación minera y agrícola (trilogía mediterránea, frutales, ganadería lanar, ..). Sin embargo, no todas las regiones experimentaron esta intensa transformación. Andalucía y la costa mediterránea fueron en general el espacio donde se produjo un mayor asentamiento y desarrollo económico, mientras el interior y el norte conocieron una débil romanización.
Tras la crisis del Imperio romano se produjo las invasiones bárbaras y la dominación visigoda. No obstante, ésta no aportó nada nuevo dado que la importancia numérica de los invasores fue muy limitada a la vez que asimilaron la cultura superior de los romanos, aunque ya en un periodo de clara decadencia.
La irrupción de los árabes en España provocó el final del mundo antiguo (excluyendo a los visigodos). El dominio árabe no alcanzó estabilidad sino en la mitad meridional y en la mayor parte de las regiones levantinas, coincidiendo con la máxima extensión del olivo. La España arabizada, Al - Andalus, era la España "civilizada", rica, urbana y agrícola por excelencia, incluyendo en ella gran parte de las vegas y llanuras levantinas. Incorporaron nuevas técnicas (sistemas de riegos, ..), nuevos cultivos (naranjo, algodón, caña de azúcar, arroz, cría de gusanos de seda,...), desarrollo de grandes ciudades como Córdoba, etc.
Al norte quedaron núcleos de resistencias que se irían organizando y conquistando territorios en detrimento del Islam. Se trata de los reinos cristianos. Tierra de vocación agrícola y pastoril. Esta última era la actividad preferida por constituir una riqueza movilizable ante la variabilidad de las fronteras. Este hecho determinó la importancia del ganado lanar en la economía castellana y el surgimiento del "Consejo de la Mesta".
Tras el s. X se atenúan las diferencias entre las dos Españas a medida que los reinos cristianos se consolidan experimentando un crecimiento económico y demográfico (auge del comercio con Europa Occidental y Mediterránea, crecimiento de las ciudades, expansión agrícola, intenso contacto cultural con Europa, ..).
Al final de la Edad Media, en la Baja Edad Media (s. XIV y XV), se produce una crisis en toda Europa fruto de las continuas guerras, las malas cosechas y en especial las grandes epidemias (peste negra, ..),que redujo la población (en España Cataluña sufrió especialmente una drástica pérdida de sus efectivos).
Sin embargo, a lo largo de este periodo se produce el fortalecimiento de las monarquías nacionales que se vieron ayudadas por la burguesía de las ciudades en detrimento de los señores feudales, los cuales perdieron su protagonismo político. Ahora los distintos estamentos sociales se hallaban representados en unas asambleas o Cortes.
Las ciudades crecen con la apertura de nuevas rutas comerciales por toda Europa (comercio de la lana castellana con Europa Occidental, intercambios de la Corona de Aragón en el Mediterráneo, ..), surgen rutas hacia Oriente bordeando África o las que surgirán a finales del s. XV y prin. del s. XVI tras el descubrimiento del continente americano. Paralelamente la cultura y el Arte florece con el Humanismo y el Renacimiento.
La Península Ibérica conoce un proceso de unificación política al unirse bajo los Reyes Católicos la Corona de Aragón y Castilla, la incorporación del Reino de Granada (1492), la anexión de Navarra y más tarde, a fines del s. XVI, la unión de Portugal durante el reinado de Felipe II. A todo ello habría que sumar las posesiones de la Corona de Aragón en el Mediterráneo, las portuguesas en África y Brasil y las castellanas en las Islas Canarias y América.
Este inmenso imperio se vio acrecentado por la política de alianzas matrimoniales que se practicó desde los Reyes Católicos y que obtendría debido a ello gran parte de Centroeuropa, Países Bajos y Norte de Italia.
El Imperio de los Habsburgos (s. XVI y XVII) se convirtió en la mayor potencia occidental. Sin embargo, no constituía un estado centralizado ya que cada reino , según los casos, poseía cierta autonomía por lo que el papel del rey o emperador se veía muy limitado.
El auge político y económico derivado de la expansión territorial no siempre tuvo un efecto positivo. La masiva llegada de oro y plata americana provocó una fuerte inflación (subida de los precios) en España. Los productos castellanos no se vendían en el extranjero al resultar excesivamente caros y la industria castellana se arruinó al no poder competir con los productos foráneos, mucho más baratos y de mayor calidad.
Los sucesivos reyes se empeñaron en la práctica de una política imperialista para lo cual gastaron una elevadísima suma de dinero y hombres con el fin de mantener un numeroso ejército. El oro y la plata americana iba a parar directamente a los banqueros europeos que adelantaban préstamos a la Corona.
El s. XVII fue el Siglo de Oro para la Literatura y las artes en general. Sin embargo, representó la decadencia política y económica de la principal potencia de entonces.
Junto a la crisis económica antes señalada hubo una disminución demográfica considerable debido a las continuas epidemias de enfermedades como la peste bubónica, la fuerte emigración a América o las levas para las guerras europeas. Este hecho tuvo mayor repercusión en Castilla donde los reyes tenían más autoridad y podían reclutar a mayor cantidad de hombres al mismo tiempo que el empobrecimiento empujó a muchos castellanos a emigrar a América.
La política expansionista y militarista de los Austrias (Habsburgos) debilitó al Estado, provocó una reacción exterior de los países europeos contra la hegemonía española y una reacción interna de los distintos reinos de la Corona al pretender los reyes imponer una monarquía absolutista en la que no tuviesen ningún tipo de limitaciones.
En la Guerra de los Treinta Años y posteriormente en la Guerra de Sucesión los Austrias españoles perdieron gran parte de sus posesiones coloniales a la vez que algunos reinos lograron independizarse (Holanda, Portugal,..). A finales del s. XVII el último rey de la dinastía de los Habsburgos, Carlos II, se quedó sin descendencia. Las distintas potencias se aliaron a favor del candidato de los Habsburgos austriacos o del candidato de los Borbones. Finalmente se impuso la dinastía borbónica (1714) profrancesa.
A pesar de que España tras esta guerra perdió su protagonismo y pasó a ser considerada como una potencia de segundo orden los Borbones se dedicaron a partir de entonces a intentar solucionar los problemas internos. Se creó una administración más eficaz, gobernaron de forma absoluta perdiendo la autonomía las regiones históricas como Cataluña ( que habían apoyado al candidato austriaco ), salvo Navarra y las provincias vascas (que se habían puesto del lado de los borbones).
El s. XVIII fue el Siglo de las Luces. La Ilustración fue un movimiento filosófico y una corriente de pensamiento que tuvo grandes repercusiones en el campo de las Ciencias, la Filosofía, la Economía y la Política. Los ilustrados impulsaron medidas renovadoras y racionales.
En algunos casos como en España influyó en los reyes y ministros creandose una monarquía paternalista "Despotismo Ilustrado" en la que "el rey gobernaba para el pueblo pero sin el pueblo" impulsando reformas económicas, sociales y políticas que obtuvo grandes resultados ( repoblación de zonas deshabitadas, mejora de las comunicaciones, comercio, sociedades económicas, universidades,..).
Sin embargo, en otros países la Ilustración no influyó tanto en los gobiernos pero sí en la burguesía marginada del poder. Las ideas respecto a una sociedad justa donde no existiesen diferencias jurídicas entre los ciudadanos inspiraron revoluciones protagonizadas por la burguesía. Estas revoluciones fueron derribando a las monarquías absolutistas del poder, como en Francia, a finales del s. XVIII y primera mitad del XIX.
El miedo de los gobernantes españoles al contagio revolucionario del país vecino provocó una paralización de dichas reformas ilustradas y censuraron las obras filosóficas, literarias, políticas, etc. que pudieran transmitir esas ideas.
No obstante, a principios del XIX los ejércitos napoleónicos invadirán toda Europa ocupando también la Península Ibérica. La sociedad española, una vez desarticulado el aparato del Estado, respondió de distinta manera a este hecho:
- Algunos sectores ilustrados aceptaron y colaboraron con el nuevo gobierno profrancés (afrancesados) viendo la posibilidad de llevar a la práctica las ideas ilustradas y/o revolucionarias, también fue el caso de muchos funcionarios y altos cargos que pretendían mantener su status socioeconómico
- Sin embargo, la mayor parte de la sociedad reaccionaron contra la ocupación creando juntas, organizando la resistencia y practicando una guerra de guerrillas. Dentro de esta oposición se pretendía la vuelta de la monarquía borbónica, pero ya habían calado las ideas ilustradas y liberales de tal forma que proponían ya no una monarquía absolutista sino una monarquía constitucional.
- Otros grupos resistentes eran partidario de la vuelta de la monarquía absolutista.
Es a partir de este momento y a lo largo de gran parte del s. XIX cuando surge una lucha constante entre los que pretenden una sociedad basada en las ideas del Liberalismo y los que proponen la restauración de la sociedad del Antiguo Régimen.
Junto a estas revoluciones burguesas se va a ir produciendo una revolución tecnológica y económica: la Revolución Industrial. Surgida en Inglaterra a mediados del s. XVIII se irá extendiendo poco a poco por toda Europa a lo largo del s. XIX. En los países periféricos como España esta industrialización será muy débil y afectará solo a algunas regiones como Cataluña y el País Vasco.
Con los cambios políticos y económicos, tras pasar del Antiguo Régimen a un estado burgués y una economía capitalista también se transformará la sociedad. Así de la sociedad estamental se pasará a la sociedad de clases donde la burguesía será la clase dominante, la nobleza y el clero perderán sus antiguos privilegios y tenderán a ser asimiladas por la burguesía, mientras los campesinos y artesanos se proletarizan. El proletariado (obreros) no encontrará en las ideas liberales (defiende el Capitalismo) una doctrina que responda a sus intereses por eso se irán organizando poco a poco en el denominado movimiento obrero desde el que se proponen alternativas al Capitalismo.
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